La Traducción Digital. Colaboración: María Rivero de Sobrevivir a Trabajar en Casa

Hola a tod@s! Una de las cosas que me han pasan a diario en el mundo digital es conocer gente valiosa, con la cual no solo tienes cosas en común sino te resulta divino trabajar, aprender y pasarla bien, una de estas personas especiales es María Rivero del Blog: Sobreviviratrabajarencasa , el cual recomiendo ampliamente. Recuerdo que cuando leí su blog me encontré con un sitio cargado de verdades y como escribe con una fluidez increíble es fácil imaginarse que la tienes al lado contándote todo, realmente me encanta su estilo!

Le agradezco una vez más el haber colaborado conmigo, de verdad es un honor contar con un artículo de su autoría en mi blog y lo mejor, que con su historia podemos aprender sobre una posibilidad a nivel laboral. Tod@s podemos hacer diferencia, trabajar en nuestras pasiones y disfrutar plenamente de ello.

No les quito más tiempito, les dejo su historia, les va a encantar!

La traducción digital

Me llamo María Rivero, soy una profesional de la traducción italiano<>español, además ofrezco servicios de traducción digital y de redacción de contenido para web.
Tengo una Licenciatura en Idiomas, me especialice en traducción de documentación legal, esa que es habitual encontrar en juzgados y juicios, administraciones y empresas. Desde hace cuatro años compagino la traducción de documentos legales con la traducción digital, una opción que descubrí casi a la vez que el trabajo en casa, y que ahora forma parte de mis servicio de traducción y redacción web.

La traducción digital.

¿Cómo la traducción digital llegó hasta mí?
Los idiomas siempre me han gustado y, desde muy pequeña, la traducción me resultaba intersante para aprender y reforzar un idioma. Me encuentro muy cómoda ante el reto que supone intermediar para que un texto sea legible y comprensible en un idioma diferente de aquel en que fue escrito, así que tenía muy claro cuál sería mi destino profesional.
En mis primeros años trabajé para agencias y empresas y, aunque sabía que algunos traductores trabajan desde casa, yo pensaba que el trabajo en una oficina siempre es mejor, y que el teletrabajo solo es una alternativa para quienes tienen que cuidar de familares.
La última empresa para la que trabajé era una gran empresa en el extranjero, tenía un gran volumen de trabajo y un ambiente internacional estupendo, además, en entorno era muy bueno… El único problema era que el pago a los empleados no estaba en la “lista de prioridades”, pero ese es otro tema… Para conseguir algo de cash, publiqué un anuncio en el que ofrecía clases de español para extranjeros. Así conocería la traducción digital, aunque yo aún no sabía que era.
Gracias al anuncio recibí una propuesta en la que me preguntaban si estaría interesada en la traducción de unos textos de italiano a español. Después de un intercambio de emails, en el que informé de que era traductora, me enviaron unos textos con una extensión algo superior a las 300 palabras. Cada texto era una descripción de un producto, y en ellos se me solicitaba creatividad con la traducción y, además, tenía que cumplir una serie de requisitos bastante particulares, a saber:
• El título no podía exceder los 60 caracteres
• Había que incluir un pequeño “resumen” de menos de 150 caracteres
• Tenía que traducir el nombre del producto asegurándome de que solo tuviera sustantivos o adjetivos, e incluirlo al final del texto de tres formas: escrito “normal”, escrito todo en minúsculas y sin acentos; y escrito en minúsculas, sin acentos y con las palabras separadas por guiones.
A quienes trabajáis en el área digital seguro que estos requisitos os suenan, a mí en aquel momento, no. En traducción estamos acostumbrados a que los clientes envíen requisitos, peticiones y solicitudes de lo más variadas, algunas factibles, otras no, pero estos requisitos entraban dentro de lo “normal” y posible. Y, además, el precio que acordamos tenía en cuenta las molestias.
Terminado ese proyecto, el mismo cliente me solicitó otro. En este caso se trabaja de unos textos de unas 500 palabras con lenguaje que invitaban a seguir la reflexión y que, inevitablemente llevaba a la conclusión de que era buena idea comprar los productos en cuestión.
Aquí los requisitos eran otros: el texto tenía 15 grupos de palabras en negrita, habría que traducir, pero sustituyendo las partes marcadas por una de las fórmulas que había en una lista en español. Todas eran muy parecidos, cambiaban categorías o número o género de las palabras, el orden… En realidad era como una sopa de letras, ir buscando el lugar en el que cada una encajara mejor y tacharla de la lista: no se podía repetir.
Entre medias, en algún momento, dejé mi trabajo en la empresa y empecé a traducir textos legales por mi cuenta, combinándolos con estas traducciones nuevas que de vez en cuando llegaban a mi bandeja de correo.

¿Cómo supe que lo que estaba haciendo era traducir para webs?

Como nos enteramos de casi todo en nuestro tiempo, estaba haciendo una búsqueda de un artículo que tenía que comprar y, de repente, en una de las primeras posiciones en Google, apareció un título que me resultó familiar, al hacer clic, ahí estaba una de mis traducciones.
He de decir que me dio un poco de vergüenza leerme. Muchos traductores solo vemos los frutos de nuestro trabajo cuando aparecen artículos en prensa o noticias en TV que hablan de tal juicio que se resolvió favorablemente para la víctima gracias al informe presentado, de tal empresa que empezará exportar sus productos fuera, o que una extranjera abre una planta en nuestro país, pero en este caso no se trataba de un trabajo de intermediación: era una traducción creativa y, aunque no suene muy modesto, la creatividad es algo muy personal.
Con el subidón por haber encontrado esta traducción accesible para cualquiera, me pregunté: ¿Cómo es posible que este texto hubiera aparecido en mi búsqueda? Consulté a Google y no tardé mucho en encontrar la palabra clave: SEO. A partir de ahí no me costó entender los “requisitos” que me habían solicitado para traducir.

La formación para la traducción digital.

La experiencia de traducciones con SEO me había gusto porque mezclaba creatividad, con traducción y con una serie de requisitos que a mí me resultaban entretenidos, además me atraía ese mundillo “mágico” que conseguía que un texto llegara alto, así que empecé a interesarme por la formación en traducción SEO o en traducción digital. Me decepcioné un poco al ver que no existía esa formación, aunque tenía experiencia en traducir, solo necesitaba formación en contenido digital y SEO, así que opté este tipo de formación.
Para aplicar los conocimientos, comencé a incluir servicios de redacción de contenidos en español y, por supuesto, traducción digital de contenidos de web, contenido corporativo y artículos de blogs.

Los principales desafíos de la traducción digital.

Me gustaría decir que, en la actualidad, todos mis proyectos, o la mayoría de ellos, están centrados en el mundo de la traducción digital, pero no la traducción de texto sigue ocupando la mayoría de mis horas de trabajo la redacción de contenido, algunas más y, de vez en cuando, tengo la oportunidad de realizar algún proyecto de este tipo. Es un servicio muy complicado de vender debido a varias razones:
Muchas empresas no quieren invertir mucho en marketing online en la lengua que utilizan prioritariamente: ¡ni hablar de cuando se trata de invertir en la traducción SEO! De hecho, muchas veces me llegan traducciones de web de clientes o, a través de agencias, y cuando les comento las ventajas de realizar una tarea mejor enfocada al posicionamiento, no quieren ni oír hablar de ello, y piden una traducción normalita. Y punto.
Además existen traductores automáticos que se implantan directamente en la web. Sí, sí, ya sé que en la actualidad es una alternativa de calidad, pero muchas empresas solo valoran la gratuidad de este servicio que, además, les permite tener la web traducida en varios idiomas, cosa que con traductores profesionales sería bastante caro.
Existen empresas que, cuando solicitan una traducción de su web no lo hacen pensando en los buscadores, sino en ofrecer un catálogo virtual para posibles clientes en el extranjero. Puede que más adelante vean las ventajas de tener una página optimizada en todos los idiomas que hablan distribuidores o clientes, pero de momento confían más en la fama de su nombre o de sus productos que en lo que Google pueda hacer por ellos.

Cómo realizar una traducción web.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, el auténtico reto es convencer a las empresas de que no solo tienen que tener presencia en las redes sociales en su idioma principal, sino también todos los lugares en los que quieran tener presencia.
Por ello mi trabajo de traducción digital no lo desarrollo de forma independiente, sino que colaboro con webmasters y agencias de marketing digital, que es el primer lugar al que una empresa pregunta cuando quiere lanzar su web en el extranjero, pensando más en la creación, el diseño o el dominio.
Mi trabajo es solo una parte de proyectos empresariales que tienen por objetivo abrir afianzar mercados extranjeros aprovechando en marketing digital, de forma prioritaria, o junto con otras estrategias.

La traducción digital es un servicio para el que es necesario identificar las palabras clave más interesantes, adaptarlas dentro de los textos y saber realizar las modificaciones oportunas, para que el resultado sea un texto natural para el lector, pero en el que el traductor también tiene que tener en cuenta la longitud del texto en el idioma de destino, la extensión de los títulos y otras partes de texto que ninguna persona leerá, pero que tendrán en cuenta los buscadores.

¡Muchísimas gracias María! Creo sinceramente que esto es inspiración total. Si habías pensado en la traducción digital como una posibilidad laboral creo que esta ha sido una excelente información y guía al respecto.

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Hasta el siguiente contenido!!

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